Las compañías de seguros pagan los siniestros que se reclaman bien. Suena obvio y a la vez explica el 90% de los casos donde la indemnización tarda meses, llega mermada o, peor, acaba rechazada. La inmensa mayoría de problemas no son por mala fe de la aseguradora: son por errores del propio asegurado en las primeras 48 horas. Aquí están los cinco más caros.
Error 1: tardar más de 7 días en abrir el parte
Casi todos los condicionados de pólizas patrimoniales y de responsabilidad civil exigen comunicar el siniestro a la compañía en un plazo máximo de 7 días desde que se produce o se conoce. No es un trámite formal: es una condición. Una compañía puede legítimamente reducir la indemnización (e incluso negarla) si el retraso le ha causado perjuicio en la valoración, la peritación o la subrogación contra terceros.
Lo que vemos cada semana: el asegurado piensa "ya llamaré la semana que viene cuando tenga calma" y, cuando llama, han pasado dos semanas y la compañía pide explicaciones. Si el siniestro es complejo, llama el mismo día. Si no puedes resolverlo todo, deja apertura: el plazo cuenta desde la apertura, no desde la documentación completa.
Error 2: no documentar nada antes de mover
Una fuga de agua que se limpia "porque ya no podía esperar" antes de que vea el perito. Un golpe en el coche que se lleva al taller antes de pasar fotos a la compañía. Un robo donde se ordena la habitación antes de que llegue la policía.
Regla simple: fotos de todo, en alta resolución, antes de tocar nada. Plano general (¿dónde estaba?), plano medio (¿qué se ha dañado?), detalle (¿cómo está dañado, número de serie si aplica?). Si tienes facturas de compra, sácalas también. La documentación que se hace después casi siempre vale menos que la que se hace en caliente.
Error 3: hablar con la compañía sin tu corredor delante
La aseguradora va a llamarte. Su perito va a llamarte. Su tramitador va a pedirte que describas el siniestro por teléfono, sin grabarlo, y que aceptes una propuesta de valoración en ese mismo momento. Es legítimo y forma parte del trabajo: a la compañía le interesa cerrar rápido y barato.
El corredor existe precisamente para equilibrar esa conversación. Cuando estés tramitando un siniestro relevante (cualquiera por encima de 1.500-2.000 €), nunca aceptes una valoración en la primera llamada. Pide que te la envíen por escrito, contrasta con tu corredor, y responde después. El coste de ese día y medio de margen suele compensar varios miles de euros de indemnización.
La compañía no es tu enemiga, pero tampoco es tu asesora. Tiene un trabajo: minimizar el coste del siniestro. Tú tienes otro: documentar bien lo que has perdido. Cuando esas dos cosas chocan, ahí es donde el corredor tiene que estar contigo.
Error 4: aceptar la primera valoración pericial
El perito que envía la compañía es un profesional, pero trabaja para la compañía. Su valoración es una valoración, no la valoración. Tienes derecho a:
- Pedir un segundo perito por tu cuenta (cuyo coste asume parcialmente o totalmente la compañía si discrepan los informes).
- Nombrar un tercer perito dirimente si los dos primeros no se ponen de acuerdo.
- Acudir al artículo 38 de la Ley del Contrato de Seguro, que regula expresamente este procedimiento.
En siniestros relevantes, la segunda peritación amplía la indemnización con una frecuencia que sorprende. No es magia: es que la primera valoración casi siempre se hace por lo bajo, asumiendo que el asegurado no va a protestar.
Error 5: tirar lo dañado antes del finiquito
El móvil roto que se llevó a reciclaje. El sofá quemado que se sacó al contenedor el día siguiente. El coche siniestrado que se desguazó antes del cierre. En todos esos casos, cuando la compañía pide ver el bien para terminar de valorar, ya no existe — y la indemnización se queda en lo que se pudo documentar.
Conserva el bien dañado hasta que tengas el finiquito firmado y cobrado. Si ocupa demasiado, pide a la compañía por escrito autorización para deshacerse de él. Pero no lo asumas: la mayoría de pólizas requieren conservar el bien hasta la liquidación.
Las primeras 48 horasSaca fotos antes de tocar nada. Llama a tu corredor (no a la compañía) y cuéntale en frío qué ha pasado. Anota los nombres de cada persona con la que hablas y la hora. Conserva todo el bien dañado. Y no firmes ningún papel que no hayas leído dos veces.
Conclusión
Un siniestro bien tramitado es, en muchos casos, la única razón por la que vale la pena pagar el seguro. Lo que pagas todos los meses se justifica el día que ocurre algo malo — y en ese día concreto, la diferencia entre cobrar bien y cobrar mal depende casi siempre de cinco o seis decisiones tomadas en las primeras 48 horas. Si tu corredor no está disponible en ese momento, plantéate cambiar de corredor.